El problema de ponerse a posar
Hay una pequeña tragedia que ocurre en muchas bodas: dos personas que llevan meses, años o quizá toda una vida queriéndose con absoluta naturalidad, llegan delante de una cámara y, de pronto, parecen no saber qué hacer con las manos.
Ella se acomoda el vestido. Él se arregla el saco. Los dos sonríen. El fotógrafo dispara.
—Ahora mírense.
Se miran.
—Más natural.
Y ahí, precisamente ahí, desaparece toda posibilidad de naturalidad.
Porque nadie se comporta naturalmente cuando alguien le dice que se comporte naturalmente. La mayoría de los novios no son modelos y tampoco tienen por qué serlo. No necesitan saber posar: necesitan sentirse cómodos, confiar en quien está detrás de la cámara y, sobre todo, dejar de pensar que cada movimiento será juzgado por el fotógrafo.
Estas diez ideas pueden servir como punto de partida. No tienen que ejecutarlas como si estuvieran siguiendo instrucciones de un manual. Son pequeños recursos para que el cuerpo tenga algo que hacer y la cámara pueda encontrar esos instantes en los que el cariño aparece sin pedir permiso.
1. El abrazo cercano
Acérquense. Mucho. El novio puede rodear suavemente a la novia con los brazos mientras ella apoya una mano sobre su pecho o su brazo. Pueden mirarse, sonreír o simplemente acercar las caras hasta casi tocarse.
Esta pose funciona precisamente porque no exige una postura complicada. No hay que saber qué hacer con los pies ni dónde colocar los brazos: basta con abrazarse como lo harían cuando nadie está mirando.
El fotógrafo puede aprovechar ese instante para buscar una imagen íntima, especialmente si los novios se olvidan durante unos segundos de que están delante de una cámara.
Y si aparece una sonrisa verdadera, mejor todavía. Esas son las que uno agradece volver a encontrar muchos años después.
2. El abrazo desde atrás
Uno abraza al otro por la espalda, rodeándolo con los brazos, mientras ambos pueden mirar hacia abajo, cerrar los ojos o simplemente sonreír.
La pose resulta especialmente bonita porque permite que el cuerpo de uno acompañe al otro sin que parezca que están «posando». Es una fotografía de cercanía, de confianza y de esa familiaridad que se construye cuando dos personas ya saben perfectamente cómo acomodarse una junto a la otra.
No hace falta exagerar el gesto. Un abrazo suave suele decir mucho más que una demostración aparatosa de romanticismo.
3. Caminar tomados de la mano
Ésta es probablemente una de las mejores maneras de olvidarse de la cámara: caminar.
Tómense de la mano y avancen juntos. Pueden mirarse, conversar o mirar hacia adelante. No intenten mantener una sonrisa permanente. Hablen de cualquier cosa, hagan una broma o recuerden algo que haya sucedido durante la boda.
El movimiento hace que el cuerpo se relaje y permite al fotógrafo capturar imágenes mucho más espontáneas.
Y si el fotógrafo les pide que vuelvan a pasar, háganlo sin preocuparse. A veces la segunda caminata es mejor que la primera; otras veces, justo cuando ya dejaron de intentarlo, aparece la fotografía que buscaban.
4. La inclinación romántica
Aquí entra un poco de movimiento. El novio puede sostener a la novia mientras ella se inclina suavemente hacia atrás, como si ambos estuvieran en medio de un baile.
No hace falta convertirlo en una acrobacia. De hecho, cuanto más sencillo sea el movimiento, mejor.
La pose funciona especialmente bien porque introduce una sensación de espontaneidad y juego. Ella puede mirarlo mientras se inclina; él puede sonreírle; ambos pueden reírse si el primer intento sale un poco torcido.
Y hay una regla importante: no intenten una inclinación peligrosa solo porque se ve bonita en una fotografía. El fotógrafo quiere conseguir una buena imagen, no estrenar su carrera como testigo de un accidente.
5. El abrazo mirando a cámara
Después de todas esas fotografías en las que los novios se miran entre sí, también conviene hacer una en la que ambos miren directamente a la cámara.
El novio puede abrazar a la novia desde atrás o rodearla suavemente por la cintura, mientras ella se acerca a él y ambos miran al fotógrafo.
Es una pose sencilla, pero tiene una ventaja: permite que se vean claramente las caras y los detalles del atuendo. El vestido, el ramo, el traje, el peinado y los pequeños detalles que quizá costaron horas de preparación quedan registrados.
No intenten poner la misma sonrisa que utilizaron para la fotografía del documento de identidad. Una pequeña sonrisa, una mirada relajada o incluso una expresión serena pueden resultar mucho más elegantes.
6. La cabeza sobre el hombro
Esta pose tiene algo de doméstico y por eso suele funcionar tan bien. Uno de los dos abraza al otro mientras el otro apoya la cabeza sobre su hombro.
No hace falta mirar a la cámara.
Pueden cerrar los ojos, mirar hacia abajo o sonreír ligeramente. La imagen transmite esa sensación de descanso que existe cuando uno está junto a alguien con quien se siente seguro.
Y quizá sea una de las fotografías más fáciles para quienes se ponen nerviosos delante del objetivo. Apoyar la cabeza en el hombro de la persona que amas es bastante más sencillo que recordar dónde deben ir las manos según el manual de poses.
7. La mirada frente a frente
Colóquense uno frente al otro, muy cerca, con el ramo entre ambos o ligeramente hacia un costado. Mírense.
Pero no intenten fabricar una mirada romántica. Eso suele producir exactamente el efecto contrario.
Piensen en algo que los haga sonreír. Recuerden cómo se conocieron. Díganse una pequeña tontería. O simplemente mírense como lo hacen cuando están solos.
El ramo aporta además un elemento visual muy bonito y ayuda a equilibrar la composición. La fotografía puede mostrar simultáneamente el vestido, las flores y, sobre todo, esa pequeña conversación silenciosa que ocurre entre dos personas cuando se conocen bien.
8. El abrazo elevado
Aquí la pareja puede jugar un poco más.
El novio puede levantar ligeramente a la novia o sostenerla mientras ella se acerca a él, rodeándolo con los brazos. La fotografía transmite alegría, complicidad y celebración.
Pero, otra vez, no hace falta intentar una hazaña olímpica.
El movimiento debe ser cómodo y seguro. Si la novia lleva un vestido pesado o complicado, más vale una elevación pequeña y natural que una maniobra heroica que termine con el fotógrafo dejando la cámara para llamar a emergencias.
Cuando funciona, esta pose aporta algo diferente al resto: la felicidad se vuelve movimiento.
9. El abrazo desde atrás, mirando a cámara
Ésta es una variante especialmente interesante de la segunda pose.
Uno abraza al otro desde atrás, pero en lugar de esconderse en el abrazo, ambos giran el rostro hacia la cámara. La novia puede quedar ligeramente por delante y el novio detrás, creando una composición en la que ambos rostros permanecen visibles.
Es una fotografía que combina intimidad y retrato. Hay cercanía, pero también permite que el fotógrafo registre claramente las expresiones de ambos.
Además, resulta muy útil para mostrar detalles del vestido y del traje sin perder la sensación de pareja.
La clave está en no quedarse completamente rígidos. El abrazo debe sentirse como un abrazo, no como si los hubieran colocado allí para una fotografía de pasaporte matrimonial.
10. Las manos arriba: un pequeño baile
Y para terminar, movimiento otra vez.
Tómense de las manos y levanten los brazos como si fueran a comenzar un pequeño baile. Ella puede girar suavemente mientras él la acompaña.
No necesitan saber bailar.
De hecho, quizá sea mejor que no sepan demasiado.
La fotografía busca precisamente esa sensación de alegría y movimiento que aparece cuando dos personas están celebrando algo. El vestido puede acompañar el giro, el ramo aporta movimiento y el paisaje completa la escena.
Si sale bien, tendrán una fotografía alegre. Si sale mal y terminan riéndose, probablemente tendrán una todavía mejor.
No se trata de aprender diez poses de memoria
Éste es quizá el punto más importante de todos.
No estudien estas fotografías la noche anterior como si fueran las preguntas de un examen. No necesitan recordar «la número 4», «la número 7» o «la número 10» mientras están casándose.
Estas poses son solamente recursos para que el fotógrafo pueda guiarlos.
Lo verdaderamente importante es que exista confianza entre ustedes y quien está detrás de la cámara. El fotógrafo debe saber cuándo pedirles que caminen, cuándo acercarlos, cuándo dejar que conversen y cuándo simplemente esperar.
Y ustedes deben permitirse algo que a veces cuesta mucho: no intentar salir perfectos.
Una sonrisa torcida, una mirada que se escapa, una carcajada inesperada o una mano que busca a la otra pueden ser mucho más valiosas que una pose impecable.
Consejo del profesional
Si pueden hacerlo, programen una sesión de preboda. No necesitan convertirla en una gran producción. Puede ser una caminata, una visita a un lugar especial para ustedes, una tarde en el parque o simplemente una sesión sencilla con el fotógrafo que estará encargado de las fotografías de la boda.
La finalidad principal no es aprender a posar. Es aprender a estar juntos delante de una cámara.
Descubrirán cómo trabaja el fotógrafo, qué les hace sentir cómodos, qué movimientos les resultan naturales y qué tipo de fotografías les gustan realmente.
Y el fotógrafo, por su parte, descubrirá algo que ninguna ficha técnica puede explicar: cómo se miran ustedes cuando se olvidan de que alguien los está observando.
Porque al final las mejores fotografías de una boda no son necesariamente aquellas en las que los novios parecen modelos profesionales.
Son aquellas en las que, dentro de veinte o treinta años, puedan mirar la imagen y decir:
«Sí. Éramos nosotros.»
La cámara no debería convertirlos en otras personas. Debería conseguir que, por un instante, se olviden de ella.
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